Periscopio Semanal #152
El ajedrez es un mar en el cual un mosquito puede beber y un elefante puede bañarse
Tendría unos 8 o 9 años cuando mi padre me regaló un tablero de ajedrez. No recuerdo si él sabía jugar o aprendió conmigo; parece que sabía lo básico. De todas maneras el tablero venía con un pequeño folleto y aprendí. Sí recuerdo que le enseñé a mi hermano, que resultó ser muy bueno (lo sigue siendo).
Cuando aprendí a programar, armé un programa que podía jugar, y una vez encontré un libro que enseñaba cómo programar un juego de ajedrez. En la clase de IA nos explicaron diversos algoritmos que permiten jugar ajedrez, las bases de los primeros motores de ajedrez. Cuando Kasparov perdió frente a Deep Blue, y también cuando aprendí estos algoritmos, perdí el interés por el ajedrez. Por más de veinte años o quizás más, dejé de jugar. Hasta el año pasado.
En el offsite de mi empresa vi a varios jugando a través de Chess.com. Había escuchado historias sobre la fama de personajes como Carlsen o Nakamura, verdaderos rockstars, y de la popularidad de ese sitio durante y después de la pandemia. También observé el fenómeno de “Gambito de Dama”, serie que me gustó mucho, y que contribuyó a volver popular nuevamente al “deporte ciencia” (como le decían cuando era chico).
Bueno, la cosa es que me “dio cosa” jugar contra mis colegas; eran décadas sin jugar. Así que me puse a jugar de nuevo. Me compré un tablero barato, empezamos a jugar con mi mujer y, por supuesto, me hice una cuenta en chess.com. Y volví a enamorarme del juego, pero entendí algo entre medio. Tanto era el entusiasmo que mi familia me regaló un hermoso tablero de ajedrez para mi cumpleaños.
En un libro, hace un par de años había leído también sobre la historia de Kasparov, los torneos FreeStyle y los Centauros del ajedrez.
Entre medio, hace unos meses lancé este proyecto de “Los Robots del Amanecer”, donde un agente me genera el contenido durante la semana. Pero los especiales son algo que yo decido. Y este domingo tocaba el episodio 64.
Sesenta y cuatro es una potencia de dos, y sería bueno celebrar con un especial, y le dije al agente que me propusiera temas para este capítulo especial, y su favorita era justamente el ajedrez y la IA. Y claro, hay mucha relación entre la IA y el ajedrez, no sólo por el incidente Kasparov-Deep Blue.
El resultado es este episodio, que cuenta la historia y la paradoja del ajedrez y la IA, que espero les guste:


